miércoles, 27 de junio de 2007

Al dictador

Y mientras el dictador me zamarrea con sus órdenes y apremios, me congelo un momento y pienso que me gustaría despertar cuando me traten de comer los gusanos o en medio del sigiloso tránsito de las arañas por mi cuerpo.
Y mientras el dictador sigue disparando bravatas, salpicando saliva, con su rostro enrojecido y las venas a punto de estallar, estoy dispuesto a pisotear el cuarto mandamiento y botarlo de un solo puñetazo.
Y mientras el dictador continúa alardeando, empuño mi diestra y me preparo para hacer justicia por mis propias manos, para cambiar la historia, para poner fin al calvario.

2 comentarios:

Anónimo dijo...
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Anónimo dijo...

Si Poe estuviera aqui, si te leyera, si supiera de ti...