lunes, 8 de octubre de 2007

Caída libre

Si me miras a los ojos verás los de un animal abandonado, maltratado y desesperanzado, los de un perro apaleado y hambriento y que por ello, al mismo tiempo puede tornarse violento, peligrosamente violento.
Sin embargo, no busco pelea, venganza ni compasión. Tampoco busco razón donde no la hay.
Preso de mis recuerdos y frustraciones caigo en un estado de angustia interior, donde nada parece importar más que levantarse por las mañanas y no dejar de respirar.
Ni siquiera tu cuerpo, ni las fantasías de saborearlo una y otra vez, por la noche, de madrugada, a cualquier hora y lugar, logran reanimar a este difunto.
Ni siquiera el olor de tu piel consigue entusiasmarme para que bese tu cuello y deje avanzar mis manos sobre tus pechos.
Encerrado en mi habitación pierdo la noción del tiempo. Ignoro que día es y no deseo saberlo. Temo que el conocimiento del paso de las horas y los números en el calendario me señalen con certeza la cuenta regresiva. Prefiero hacerme el distraído y tratar de engañar a mi propia conciencia.
Espero tener más suerte en esta misión que la última vez que jugué a los dados con Dios, ocasión en la que perdí rotundamente. Luego, supe que para desafiar a Dios hay que hacerlo con dados cargados. Y es que sin ventaja no se puede intentar ganar.
Y si la locura me parece una condición fascinante, ello no es un desquicio en si mismo, pues se me presenta como un escenario favorable en medio de la miseria y tristeza más aguda de la condición humana.
La locura no sabe a derrota ni traición. La locura abraza con fuerza como una madre que ama profundamente a su hijo. La locura te toma de la mano y te conduce por insospechados caminos en los que da lo mismo ir con los ojos abiertos o cerrados. La realidad tangible se vuelve imperceptible y no sabes si es mejor reir o colocarse a llorar. Es simplemente una caída libre y donde el límite es el mismo suelo, contra el que temprano o tarde tendrás que estrellarte sin volver a reincorporarte nunca más.
Si estas palabras te molestan y te saben a lejanía, mejor sigue de largo y no las repases. Mejor ocupa tu tiempo en comprar y murmurar.

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