lunes, 8 de octubre de 2007

Esa noche

Esa noche abracé la noche, me hice cómplice de la oscuridad y del silencio. Esa noche dejé que el frío se colara en mi cuerpo. Esa noche dejé que mis pies me guiaran sin orden, sin razón, sólo por el instinto de huir lejos. Esa noche no temí por mi vida, es más, estuve dispuesto a darla por encontrar la tuya.
Esa noche no vi rostros, pero me hablaron al oído. Desde arriba y abajo trataron de convencerme que renunciara a mi desvarío y peregrinaje sin mayor lógica. Quisieron que me encausara en el camino del servilismo y renunciara a la autonomía de mis pasos.
Esa noche las sombras siguieron siendo sombras y sólo la luna y desamparados perros fueron testigos de mi vagancia.
Esa noche busqué desahogo en mi propio ahogo. Esa noche busqué intimidad en mi más profunda soledad, esa que contiene mi desborde de locura. Sólo mi respiración agitada me delató como el hombre agónico que esa noche murió un poco, un poco más.

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