lunes, 8 de octubre de 2007

En tus manos

Mi ordinaria humanidad me distancia de tus gustos y deseos. Mi miserable vida me aparta de lo que tú crees más sagrado. Mi caminar sobre el fuego no encuentra comprensión en ti, a pesar de las heridas afuera y adentro.
Mi desvarío incomoda, asusta y te coloca en alerta frente a tanta estupidez.
Y a pesar de todo esto, te atreves a seguir cerca de mí. No renuncias a cuidarme y tratar de amarme. No abandonas este molesto bulto y aún cuando tus pies se vuelven más lentos, decides no aliviarte de la carga.
Pese a sentir miedo y angustia, te aferras a tu cruz y estás tan cerca de Dios que buscas caridad para este
animal.
En tus manos está mi vida, pues en mi caótica existencia he perdido todo, hasta la voluntad de colocarme de pie y seguir caminando.

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