Ese dibujo hallado en la libreta de apuntes arrancó de cuajo el velo y reveló el monstruo que habitaba en casa. Ese maltrecho dibujo hecho con esas pequeñas manos mostraba un rostro hosco, carente de sonrisa y lo que es peor, invadido por el odio. Ese dibujo delató al hombre perverso que había sembrado el temor en esas recién iniciadas vidas. Ese dibujo develó al ser miserable, vulnerable y perdedor que se escondía bajo la piel de un buen hombre. Ese dibujo fue como un disparo en medio de la noche y desató lágrimas y vergüenza.
Los honores de ser un excelente padre habían cedido terreno a las mentiras y éstas habían entrecortado la respiración. Incapaz de evitar la avalancha de enfado e impaciencia, dando rienda suelta a la locura y maldad sobre esos frágiles cuerpos, ahora caía de rodillas, abatido y herido en su propia tortura.
El miedo regado por toda la casa ahora era su propio enemigo. La idea de quedarse solo con su crueldad había encendido el terror interno y que sólo podría ser derrotado con una pequeña mueca en ese pequeño dibujo.
lunes, 22 de octubre de 2007
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